Si no nos nombran, ¿cómo seremos escuchadas?

La Brújula

LA BRÚJULA es un medio de comunicación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano "hecho por estudiantes y para estudiantes", donde se dan a conocer los acontecimientos y la realidad que influye en la vida universitaria tadeísta.
  • Opinión

Export taxonomy

Especiales
Si no nos nombran, ¿cómo seremos escuchadas?
Compartir en
Sábado, Septiembre 5, 2026
En la vida cotidiana utilizamos palabras que no suelen tener importancia en nosotros hasta que desaparecen; una de ellas es niña . En los últimos días la decisión de privilegiar la palabra niñez como término y eje de comunicación en ciertos discursos sobre la infancia, eliminando así la palabra niñas, abrió una discusión que va desde el lenguaje hasta algo más profundo como la apropiación de esta palabra. Esto nos pone a pensar en ¿qué sucede cuando una realidad particular deja de ser nombrada? Las niñas continúan existiendo, por supuesto, pero aquello que no se nombra corre el riesgo de perder espacio en la conversación pública.

Escrito por: Amily Díaz

Corregido por: Alejandra Gutiérrez

La pregunta toma una dimensión todavía más profunda cuando utilizamos como ejemplo a las niñas indígenas. Este 5 de septiembre, por primera vez bajo el reconocimiento oficial de las Naciones Unidas, se conmemora el Día Internacional de las Mujeres y Niñas Indígenas del Mundo, una fecha destinada a reconocer sus aportes, sus conocimientos, su liderazgo y su participación en las decisiones que afectan a sus comunidades. No se trata únicamente de celebrar una cultura, se trata de reconocer a quienes la mantienen viva y de garantizar que sus voces tengan un lugar en las decisiones sobre su presente y su futuro, ya que nombrar también es reconocer. 

Durante mucho tiempo, las mujeres indígenas han tenido que defender algo tan elemental como el derecho a hablar desde su propia experiencia. Son guardianas de lenguas, conocimientos, prácticas culturales, territorios y formas de comprender el mundo; sin embargo, sus voces han sido frecuentemente desplazadas por discursos construidos desde afuera. Se habla de ellas, se investiga sobre ellas, se diseñan políticas para ellas y se toman decisiones en su nombre. Pero una pregunta permanece: ¿Cuántas veces se les pregunta qué quieren, qué necesitan y qué decisiones consideran importantes?

De ahí surge el principio que atraviesa las luchas por la representación y la participación de distintos pueblos y comunidades: “Nada sobre nosotras sin nosotras” (ONU mujeres, 2022). La frase parece sencilla, pero contiene una exigencia profunda. No basta con ser incluidas en un discurso; es necesario participar en su construcción. No basta con que alguien explique nuestras necesidades; necesitamos poder explicarlas nosotras mismas. No basta con aparecer en las decisiones; necesitamos formar parte de quienes las toman.

La frase también cuestiona la manera en que entendemos la representación. ¿Quién tiene derecho a nombrar?, ¿quién decide qué palabras son suficientes para describir a una comunidad?, ¿quién determina qué diferencias son relevantes y cuáles pueden desaparecer bajo una categoría general?

En el caso de las niñas indígenas, esta discusión adquiere todavía más importancia. Una niña indígena no vive su infancia de manera aislada de su identidad. Su experiencia está atravesada por su comunidad, su territorio, su lengua, sus prácticas culturales y su pertenencia a un pueblo. También por las condiciones particulares que supone crecer siendo niña en contextos donde pueden existir desigualdades, discriminación o dificultades para acceder a sus derechos.

Por eso, hablar de niñez puede resultar insuficiente cuando la generalización termina ocultando las experiencias que necesitan ser reconocidas de manera particular. No se trata de afirmar que una palabra contiene por sí sola una política pública, ni de convertir el lenguaje en una solución mágica para problemas estructurales. Se trata de comprender que las palabras con las que construimos nuestros discursos también determinan qué diferencias vemos y cuáles dejamos en segundo plano.

Si decimos niñez, hablamos de una población amplia. Si hablamos de niñas, hacemos visible una experiencia específica dentro de ella. Y si hablamos de niñas indígenas, reconocemos otra dimensión que tampoco debería perderse en la generalización.

Así que mantener una diferencia importa porque las mujeres indígenas no son únicamente receptoras de decisiones tomadas por otros. Son lideresas, sabedoras, cuidadoras de la memoria y participantes de sus comunidades. Las niñas indígenas tampoco deberían ser consideradas únicamente como futuras portadoras de una cultura que otros pretenden preservar en su nombre. Son sujetas de derechos y tienen una voz propia.

El 5 de septiembre, entonces, puede ser leído como una invitación a mirar más allá de la celebración. Es una oportunidad para preguntarnos qué significa realmente reconocer a las mujeres y niñas, y que es necesario hablar de niñas en todos los ámbitos posibles, pues, nombrarlas implica tener en cuenta quienes son , además de tener en cuenta qué derechos y corporeidades tienen.

 

 

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

Institución de Educación Superior sujeta a inspección y vigilancia por el Ministerio de Educación Nacional.