Impacto del Establecimiento de las Relaciones de Panamá con China

Martes, Julio 4, 2017 - 10:45
País: 
China
Autor: 
Enrique Posada Cano

La noticia del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Panamá tenuemente se coló  entre las tormentas de atentados terroristas en Bogotá y  escándalos de corrupción. Si se hubiera producido en otro momento  tampoco habría  tenido gran impacto en unos ciudadanos  colombianos para quienes ese nombre, Panamá, sigue latente como la perla del Darién perdida. 

Ciento ocho años de relaciones diplomáticas con China registran a Panamá como el país que ha sostenido los más antiguos e ininterrumpidos vínculos oficiales con aquella nación.  No era esa  una noticia anunciada como las que Gabo solía registrar, y al menos por lo que a mí respecta, yo tenía a Panamá tal vez como la última ficha del tablero centroamericano que se movería en dirección a China. Ubicados en cualquier orden los seis países de la subregión (Guatemala, Belize, Honduras, Nicaragua, Salvador y Panamá) que continuaban atados diplomáticamente a Taipei y descolocados de Beijing (según la política del gigante asiático  el país  que establece relaciones con él debe romperlas con Taiwán, a quien considera una provincia rebelde) el Istmo sería, en mi opinión, el último en ser llamado a cumplir con ese aplazado propósito.  Esto, gracias a ese ‘destino manifiesto’  que, si nos atuviéramos a la Doctrina Monroe, le habrían asignado a Panamá unos Estados Unidos que de 1904 a 1979 tuvieron en sus manos, bajo estatus colonial, la zona del canal y hoy siguen siendo sus primeros usuarios.  Aún en los tiempos que corren, de renuncia gratuita por parte de la primera potencia mundial al liderazgo de un mundo regido por el libre comercio, el dominio del internet en los negocios y todos los demás fenómenos de la interconexión planetaria, es difícil creer que esa movida  no despierte en el presidente Donald Trump una reacción de alerta.  Tal vez sea esta nueva conexión China-Panamá  un primer resultado no casual de la voluntad endógena en la que se ha comprometido la actual administración norteamericana mientras que se perfila progresivamente  como su opuesto esa visión cada vez más globalizante del presidente chino Xi.

Dos polos opuestos en la geografía aunque avecindados frontalmente por el hondo y extenso Pacífico, factores asimétricos como que Panamá cuenta apenas con cuatro millones  de habitantes frente  a los  más de 1.300 millones del gigante asiático y como que aquel es un istmo de tan solo 75.000 kilómetros cuadrados versus los 9.600.000  de extensión china, Panamá es sin embargo  reconocida desde hace años  como el Hong Kong de América, lo cual de algún modo la emparenta con el coloso asiático. Con el establecimiento de  estas relaciones  se arriaron tanto en Panamá como en Taipei las respectivas banderas, tal como lo establecen los protocolos, y por fuerza murieron los lazos bilaterales de Panamá con Taiwán.  Quedan como constancias  históricas los reclamos de los taiwaneses indignados por la ingratitud y deslealtad de los panameños. Pero nada que hacer: una vez más queda confirmada la tozuda verdad de que los países no tienen sentimientos sino intereses. Hoy se impone el peso de unas realidades como la de  que China  es el segundo usuario del canal de Panamá y el primer proveedor de mercancías de la zona de libre comercio de Colón.  El capítulo siguiente será seguramente la negociación de un tratado de libre comercio entre los dos países, la inauguración de un Instituto Confucio en Panamá,  la  intensificación de las inversiones chinas allí y el otorgamiento de  centenares de becas, entre muchas otras iniciativas.

Hay que estar bien informado de las íntimas  preocupaciones del gobierno chino en materia de relaciones internacionales para entender el peso que para él tiene el anuncio de sus relaciones con Panamá a nivel de embajadas, lo cual  viene después de diez años de espera en que el tablero del impulso a los vínculos diplomáticos de China Popular con Centroamérica no se movió un milímetro, pues el último país de esa subregión en establecerlos fue, en 2007, Costa Rica. Fue ese  el primer jaque mate propinado por China a Taiwán en esa subregión, un brinco magistral en el cual Costa Rica también jugó a anticiparse a Nicaragua, que a propósito no va más con el cacareado proyecto de construcción de un nuevo canal interoceánico en asocio con China. Esto último demuestra que para China  cuentan más que la construcción de un canal paralelo a Panamá, su impresionante visión global hoy más vigente que nunca con el impulso hacia esa colosal empresa de la nueva ruta de la seda y el cultivo de sus relaciones políticas con la región latinoamericana en su conjunto.

*Director del Instituto Confucio y del Observatorio Asia Pacífico de la UTadeo.

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