La "invasión China" y la historia de San Victorino

Lunes, Abril 24, 2017 - 10:30
País: 
Colombia
Autor: 
Eddy Jacqueline Cruz Cruz

En la primera mitad del año 2016 los comerciantes tradicionales del populoso sector de San Victorino vocearon a medios de comunicación en el país su discrepancia por compartir espacio comercial con la comunidad china que, según ellos, han venido invadiendo varios espacios en el área.

Una de las preocupaciones de los comerciantes nacionales es que la localidad quede en manos de los comerciantes chinos por la venta de productos a precios inferiores en comparación con los precios locales, y  el arriendo de locales estratégicos por valores que cuadruplican el valor real.

Aunque la mayoría de las denuncias apuntan a una competencia desleal por parte de los foráneos, la oposición causada por los nacionales evidencia su rechazo a perder una zona prestigiosa en el mundo comercial que por años les ha pertenecido, frente a ciudadanos del gigante asiático, quienes en otros países han dejado huella con los conocidos “Barrios Chinos”.  

A está preocupación el embajador de la República Popular China en Colombia, Li Nianping, aboga por una conciliación amistosa para dar una solución lo antes posible a estas discrepancias, teniendo en cuenta que un ambiente amistoso puede generar muchas ganancias. Sin embargo, casi un año después de la primera protesta (abril 27 de 2017), los comerciantes de San Victorino volvieron a salir a las calles.

En ésta ocasión los comerciantes colombianos se dirigieron hacia el Consejo de Bogotá protestando por el aumento de las mercancías chinas y la falta de control de las autoridades, factores que afectan la industria nacional y, según ellos, los están llevando a la quiebra.

Para entender la inconformidad de los comerciantes colombianos de la zona de San Victorino es preciso tener en cuenta el componente histórico, y sus vínculos con la localidad. 

 

San Victorino en la historia.

Bajo la administración de Enrique Peñalosa (1998-2001) se creó el Taller del Espacio Público, un proyecto que permitiría la trasformación de la ciudad siempre y cuando las cuestiones del espacio urbano de Bogotá se calificaran desde una perspectiva histórica y urbanística. La iniciativa concluyó que, desde su fundación como parroquia, este sector ha sido un escenario de encuentro de personas de múltiples procedencias, así como lugar de confluencia e intercambio de un sinnúmero de objetos, mercancías y trayectorias socioculturales.[1]

Según la cita, Carlos Higuera, la diversidad y el dinamismo en torno a la actividad comercial en San Victorino, acogió una gran multitud de indígenas y campesinos, quienes con el paso del tiempo concedieron prestigio a la zona dentro del mundo del comercio como también dentro de las plazas coloniales en Latinoamérica.  

No obstante, el panorama cambió cuando las constantes inundaciones a casusa de la lluvia frenaron los proyectos urbanísticos, y a su vez abandonaron el área mientras que mercaderes ambulantes y vendedores callejeros encontraron la forma de instalarse para así fomentar el comercio informal, como también desorganización social y delincuencia. Así, la ocupación por parte de personas pobres y marginadas construyó escenarios  de inseguridad y violencia en el centro de Bogotá, que con el tiempo adquirieron el nombre de “ollas”.[2] Un nombre popular que no impidió la potencialización comercial de San Victorino, al contrario, esto inspiró a los comerciantes a conservar su uso mercantil y crear así una imagen nueva.

Con todo y lo anterior una nueva fase inicia en la capital con el auge de los centros comerciales que en principio se encontraban dirigidos a las clases más altas de la sociedad mientras que en el centro de la ciudad crecía otro tipo de comercio popular, específicamente, en el sector de San Victorino, que como bien describe Andrés Mora[3] se especializó como distribuidor al mayoreo de todo tipo de productos, que se distribuían a toda la ciudad y que competían con otros centros o zonas comerciales que existían con menores precios.

Su estrategia para atraer más visitas y posicionar a San Victorino en el mercado fue la venta de ropa informal en las llamadas ferias de Madrugón. Para el sociólogo Bernardo Alfredo Prieto, el origen de esta práctica fue por las políticas de recuperación del espacio público implantadas por Enrique Peñalosa en 1998.[4] Un negocio rentable que dentro de la lógica de Fenalco, superaría los $50 millones al mes en las ventas de cada uno de estos comerciantes; teniendo en cuenta que cerca de 2.000 empresas están vinculadas al comercio del Madrugón.

A modo de síntesis, el nivel comercial que ha adquirido la localidad de San Victorino tiene sus cimientos en la informalidad, que deteriora el nivel de empleo en la ciudad que se justifica con la competitividad lucrativa entre el empleo formal e informal. Sin ser esto un obstáculo para catalogarse como una zona de confort para los nacionales, quienes hasta principios del año 2016 empezaron a verse amenazados con la llegada de comerciantes foráneos que vieron con buenos ojos instalarse en el corazón del comercio popular en Bogotá.

 

China en San Victorino.

Según la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional una primera etapa migratoria de origen chino a Colombia se originó a comienzos del siglo XX hasta la década de los ochenta por quienes poseían un perfil socioeconómico bajo, más tarde, empresarios chinos que instalaron sus empresas en las ciudades de Medellín, Barranquilla y Cali, mientras que en la capital el número de inmigrantes chinos sumaban alrededor de 3.000.

Sin embargo, en mayo de 2016 la armonización entre chinos y bogotanos sufrió una ruptura luego de que los comerciantes locales de San Victorino denunciaran una invasión por parte de los comerciantes chinos en el sector.

El primer argumento, respaldado por comerciantes de la localidad es la venta de productos por comerciantes chinos a precios inferiores que confrontan a los nacionales, lo cual denuncian como competencia desleal. En comparación con las declaraciones de Kenny Tsui, presidente de la Comunidad China en Colombia, quien asegura la legalidad en los productos de sus paisanos al resaltar que no hay nada desleal en la competencia, pues para él la diferencia en precios tiene que ver con la manera de hacer negocios. Tsui dice que mientras un chino sabe llegar al fabricante (gracias a la facilidad del idioma) y logra comprar saldos a muy buen precio, los colombianos adquieren sus productos en ferias comerciales o a través de intermediarios, lo que finalmente incrementa sus precios de compra entre 20% y 30%.

El segundo argumento, de acuerdo con el vocero de la Gran Manzana[5], tiene que ver con el arriendo de locales en la zona por comerciantes chinos quienes cuadruplican el valor comercial y pagan meses o hasta años de arriendo anticipado, desalojando a comerciantes colombianos quienes no tienen cómo competir con los nacionales del gigante asiático. No obstante, a estas declaraciones, los comerciantes foráneos aseguraron que no hay nada de malo en pagar un alto costo por un local, ya que eso hace parte de la libre competencia y que mucho menos están desplazando al comercio local, pues de los cerca de 2.500 establecimientos que hay en el sector solo 44 son de propietarios chinos.

Estas acusaciones reflejan cierta incoherencia de los comerciantes locales, si tenemos en cuenta que la comercialización de productos chinos, en especial en los rubros de calzado y confecciones, no es una actividad reciente en San Victorino. Según cifras oficiales del Dane y la Dian en el cierre del primer semestre de 2005 en el cual China ocupaba el tercer lugar entre los principales países proveedores de bienes para Colombia[6], y de igual forma, las declaraciones de quienes conocen cómo ha operado históricamente la localidad, estos afirman que detrás de varios de los modestos locales hay prósperos empresarios que viajan periódicamente a China a traer voluminosos contenedores con mercancías[7].

Sin embargo, ahora que cuentan con un rival de peso su arma es el desprestigio: “los productos chinos no cumplen con la legislación requerida”, “los chinos están desplazando el empleo nacional”, “los chinos propician la competencia desleal por la presencia de mercancías de contrabando”, etc. Acusaciones que llaman a movimientos masivos como sucedió en mayo, pero no un mensaje claro de resolución del problema.

Con esto se quiere decir que el malestar vivido en mayo del 2016 contra los comerciantes chinos refleja un sentido de propiedad contra a aquellos que, según los locales, quebrará a empresarios colombianos al presumir que los chinos tomarán el lugar de los nacionales. Argumento que tiene función una vez más, luego de que comerciantes de San Victorino marcharan una vez más por la falta de control por parte de las autoridades nacionales al mercado chino.

El 27 de abril de 2017 desde la Calle 9a con Carrera 10a hasta la Calle 26 los comerciantes colombianos se tomaron la capital con dirección al Consejo de Bogotá. Su molestia es que los chinos no compiten en igualdad de condiciones pues, según Yansen Estupiñan, ellos no facturan, contratan empleados ilegales y no pagan impuestos. Afirmación que sólo reitera lo denunciado el año pasado con una diferencia: el apoyo de varios concejales de la ciudad y senadores con la comunidad para regular la problemática que según ellos no es exclusivamente de Bogotá, sino también de diferentes regiones del país.

 

Una acción reprochable.

La indisposición de comerciantes colombianos en compartir espacio comercial con comerciantes chinos fue por algunos medios titulado como un comportamiento xenófobo. Una conducta que, más allá del rechazo hacia lo extranjeros, ilustra una dualidad incomprensible, si se tienen en cuenta el histórico carácter migratorio de los colombianos a buscar mejores oportunidades en otros países.  

Durante los últimos años la migración se ha considerado como un tema de importancia mundial, por causas como la liberalización económica, cambios demográficos, aspectos políticos, oportunidades laborales, conflicto interno, oferta de estudios en educación superior, etc. Frente a esto, Colombia es el país suramericano con más ciudadanos en el exterior y desafortunadamente el que menos entiende el principio de reciprocidad.

Según el informe de la OEA[8] Colombia está en los primeros lugares en las listas de emigrantes en el continente con destinos a Europa, Estados Unidos, Venezuela y Ecuador, principalmente. No obstante, luego de la crisis económica global los patrones de migración cambiaron[9]. América Latina se convirtió en el destino de migrantes que no encontraron oportunidad en Europa y el continente con gran retorno de migrantes latinoamericanos que perdieron sus trabajos.

Desde el año 2005 cuando el presidente Álvaro Uribe estrechó lazos comerciales y culturales con su homólogo, Hu Jintao, el intercambio como también la migración se activaron con la llegada de profesores de mandarín e industrias que se instalaron en territorio nacional. Sin embargo, después de once años los colombianos alzaron sus voces luego de que San Victorino, insignia histórica para los comerciantes colombianos, denunciaran la invasión por parte de comerciantes del gigante asiático en la localidad.

No obstante, el populoso sector capitalino se dejó llevar por el costumbrismo y la tradición. Acogieron El Madrugón como la única herramienta de incrementar sus ingresos vendiendo al por mayor, pero olvidaron dejar huella en los colombianos para que estos prefirieran sus productos y no los del exterior. Por lo tanto, no reconocer que la falla está de igual forma en los comerciantes colombianos sólo propagará una hostilidad innecesaria hacia los foráneos que no tendrá fin; pues hoy son los chinos, mañana pueden ser de otra nacionalidad que, como los primeros, se unen  al proceso de internacionalización del país.

 



[1] Carlos Martín Carbonell Higuera. El sector de San Victorino en los procesos de reconfiguración urbana de Bogotá (1598 – 1998). Revistas científicas Pontificia Universidad Javeriana.
[2] Arley Bernardo Beltrán Camacho. La construcción intersubjetiva de la informalidad urbana en el espacio público: cotidianidad y comercio informal en San Victorino Bogotá. Biblioteca digital Universidad Nacional de Colombia.
[3] Carlos Andrés Mora Díaz. Centro Comercial Gran San Victorino. Universidad EAN.
[4] Autor de El madrugón en San Victorino: una exploración a las órdenes sociales asociadas a este mercado textil popular. (2011) Editorial: Universidad del Rosario.
[5] Iniciativa de 300 empresarios de la zona que buscan recuperar el sector comercial más tradicional de Bogotá y promocionarlo como atractivo de la capital.
[6] La invasión de productos chinos a Colombia se volvió una realidad.
[7] Mauricio Reina. Investigador Asociado de Fedesarrollo.
[8] Migración Internacional en las Américas. SICREMI 2015.
[9] Roberto Gonzáles. Profesor del Departamento de Historio de la Universidad del Norte.

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  • Relaciones políticas: China, Colombia y el mundo en 2017

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