¿Por qué no habrá una guerra en Corea?

Jueves, Mayo 18, 2017 - 17:00
País: 
Corea del Norte
Contenidos de Interés: 
Universidad
Autor: 
Juan Camilo Martínez García

El 6 de abril de 2017 Estados Unidos envió 59 misiles Tomahawk a una base área en Siria. El mundo entero quedó sorprendido, el ejército más poderoso del mundo había tomado acciones bélicas directamente contra otro Estado. No se hicieron esperar las noticias y los comentarios insinuando, incluso, una posible tercera guerra mundial. Sin embargo, sólo unos pocos días después la histeria apocalíptica cambió su atención hacia la península coreana en el océano pacífico.

Alrededor del 10 de abril el Carl Vinson Strike Group de la Armada de Estados Unidos, que incluye al portaaviones USS Carl Vinson, fue dirigido hacia el norte- desde Singapur- al pacífico occidental, según reportó el US Pacific Command.  La orden fue dada presuntamente con el propósito de hacer presencia cerca a Corea del Norte, debido a que en próximas fechas celebraría el Día Nacional de la RPDC, y se esperaba que Pyongyang realizara una nueva prueba de misiles de largo alcance.

Esta noticia comenzó a configurar un escenario bastante dramático.  El envío de este grupo, sólo 3 días después de lo ocurrido con la base aérea en Siria, significaba el primer “encuentro cercano” entre Donald Trump, un hombre ampliamente percibido como impulsivo y arrogante, y Kim Jong-Un otro líder considerado impredecible e irracional.  Ambos jefes de estado con importantes recursos bélicos a su disposición que, de ser utilizados, tendrían consecuencias globales.

A este escenario incluimos las declaraciones del presidente Trump y su vicepresidente Mike Pence el 17 de abril sobre atender el problema de Corea del Norte: “Si China no va a solucionar el problema de Corea del Norte, lo haremos nosotros”. Así como el reciente proceso de despliegue del sistema anti misiles THAAD en Corea del Sur durante el mismo mes, que también ha disgustado a Beijing.

Así el mes de abril de 2017 ofreció un escenario aparentemente volátil y dramático que ha sido digno de todo tipo de hipótesis y análisis, así como de todo un seguimiento de prensa sensacionalistas que insinúa repetidamente un conflicto de escala global.

Afortunadamente para la humanidad, no ocurrirá semejante suceso por ahora. Para explicarlo debemos mirar de manera objetiva algunos de los factores que nos incitan a pensar en un conflicto armado, pero que en realidad demuestran que aún estamos muy lejos de ello.

 

 Los 59 en Siria y Corea del norte

Hay que dejar a un lado la idea de que el ataque a Siria fue una simple “reacción” de Donald Trump frente al régimen Sirio y que por tanto podría actuar de la misma manera en Corea del Norte. El envío de los 59 misiles Tomahawk a la base de Shayrat fue una decisión premeditada y analizada.  Tengamos en cuenta, en primer lugar, que se dio aviso previo al ejército ruso para minimizar los daños y, por su puesto, evitar un conflicto con Rusia.  Esto quiere decir que se tuvo en consideración el alcance que tendría dicha acción y sus consecuencias. Ademas es claro que dicha acción estaba lejos de significar el fin del gobierno de Bashar al Assad.

También hay que considerar el costo de dicha operación. Pocos días después del ataque fue publicado en diversos medios que el precio por cada uno de los misiles fue de aproximadamente 832.000 USD,  lo que sumaría en total cerca de 50 millones de dólares. Si bien esto no es monto significativo frente al presupuesto de defensa de 2016 - aproximadamente 589.000 millones de dólares -, gastar ésta cantidad sin una forma clara de retribución o ganancia sería subestimar demasiado al Sr. Trump, que con toda seguridad actuó pensando, por lo menos, en conseguir alguna ganancia política frente al aparato estatal de Estados Unidos y la opinión pública.

Por otro lado, hay de tener en cuenta el conflicto sirio es muy diferente a la situación en la península coreana. En el primero tenemos actores más predecibles y coherentes con el escenario internacional. Es claro que Siria por sí sola no contraatacaría a Estados Unidos,y su principal aliado, Rusia, no entraría en conflicto tampoco sin una muy buen razón.  Un hecho que demuestra éste comportamiento de Rusia,  fue el derribo de un jet de combate ruso el 24 de noviembre de 2015 por el ejército turco. El episodio culminó con sanciones económicas por parte de Moscú hacia Turquía, no en una contraofensiva armada, y mucho menos en el inicio de una guerra.

Mientras tanto Corea del Norte tiene un historial mucho más agresivo frente al mundo con sus frecuentes pruebas de misiles en contra de las advertencias de la comunidad internacional, y un discurso que sugiere reiteradamente el inicio de una guerra abierta. Además, al ser un país hermético a nivel político y comercial dificulta comprender sus intereses.

También está la aparente involución del estado norcoreano desde la Guerra de Corea, pues da la impresión de que actuará de acuerdo a la época. Esta incoherencia y falta de conexión con las dinámicas mundiales convierte a Corea del Norte en un actor mucho más difícil de predecir, así como las consecuencias y costos de entrar en un conflicto de cualquier tipo.

Esto nos lleva al segundo aspecto que debemos tener en cuenta para descartar un próximo conflicto bélico en la península del pacífico.

 

¿Y quién lanza la primera piedra?

Frente a las condiciones actuales, ninguno de los actores involucrados estará dispuesto a dar el primer paso, pues hay mucho por perder y muy poco por ganar. Si consideramos sus intereses podemos ver que no estarán dispuestos a asumir los costos de una guerra si no fuese necesario.

Empezando por Estados Unidos.

A pesar de los hechos anteriores, éste no obtendría ninguna ganancia por atacar a Pyongyang por el sólo propósito de  “acabar” con el régimen.  Corea del Norte no tiene ningún valor geopolítico o geoeconómico significativo para Estados Unidos bajo las condiciones actuales.

Incluso si Washington y Seúl buscaran “controlar” de alguna forma el norte de la península, China haría todo lo posible por evitar tener fronteras con un aliado de EE.UU., lo que en últimas generaría también en un conflicto con el gigante asiático. Por tanto, no serían sólo los altos costos intrínsecos de la guerra los que Estados Unidos tendría que afrontar, también habría que asumir un choque con China, lo que no sería beneficiosos desde ningún punto de vista. Después de todo, el discurso de Trump contra China durante su campaña no se materializó, lo que deja claro la importancia de éste para la economía de Estados Unidos y los planes de su Presidente. Sin mencionar la alta interdependencia económica y comercial entre ambos países.

En cuanto a los actores cercanos a EE.UU, Japón y Corea del Sur llevarían la peor parte en un escenario de conflicto. La gran cantidad de pérdidas, humanas y materiales, afectarían sus capacidades económicas y de defensas, así como las rutas comerciales del pacífico. Esto en últimas perjudicaría directamente el posicionamiento político y económico de Estados Unidos en la región.

De la misma forma, un conflicto en esta península generaría grandes pérdidas en la economía global, pues involucraría directamente  a EE.UU., China, Japón y Corea del Sur, principales economias mundiales que aportaron juntos cerca del 48% del PIB mundial en 2016.  Corea del Sur, que sería la más afectada, es la 11° economía en términos de PIB netos [Datos banco mundial] y Seúl, que está a sólo 57 km de la frontera con Corea del Norte, sería de los primeros escenarios de conflictos, lo que representaría afectar aproximadamente el 20% del PIB de este país.

Habría que tener en cuenta también que en el hiperbólico caso de usarse armas nucleares, los costos serían de dimensiones nunca antes vistas, y generaría una crisis ambiental y humanitaria de gran magnitud que afectaría directamente a toda la península, y en segundo lugar a China.

La historia ya ha dejado claro los efectos que puede tener la guerra en las dinámicas económicas globales, y hoy éstas son más importantes que nunca. No hace falta repetir el experimento.

En cuanto a los actores asiáticos vemos que tampoco tienen razones para iniciar un conflicto.

Pyongyang no tendría una ganancia significativa al entrar en guerra. A pesar de las provocativas acciones y declaraciones de su líder, un enfrentamiento pondría en riesgo su posición y todo el sistema que lo sostiene, lo que en términos racionales se consideraría lo último que querría el régimen. Si Corea del Norte considerase que se podría conseguir una victoria plausible a través de un conflicto, ya lo habría hecho. 

China ha dejado claro que no apoya de ninguna forma el inicio de un conflicto. El gigante asiático se encuentra en un momento clave en su desarrollo económico y su posicionamiento como potencia mundial. En los últimos años china ha marcado varios hitos que no tiene razones de arriesgar al enfocarse en una guerra que involucre a varios de sus principales socios comerciales, como lo son Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. 

Corea del sur claramente no está interesada en iniciar una guerra con su vecino del norte. Pues sería, por lo menos, el segundo país más afectado al estar en la línea frontal del conflicto. Aún si un enfrentamiento culminase en “victoria”, los perjuicios mencionados serían de un costo demasiado alto.

Japón, a pesar de su alianza con Estados Unidos y rechazo a las acciones de Corea del Norte, tampoco se interesaría por iniciar un conflicto en el mediano plazo. Además de las consecuencias mencionadas, el país lleva años en un largo proceso para superar el estancamiento económico, y un conflicto como éste no ayudaría a mejorar la situación. Su capacidad militar, aunque avanzada, tampoco sería la adecuada.  También hay que agregar que la población japonesa no apoyaría de ninguna manera el inicio y/o participación de su país en una guerra.

 

Un escenario tenso y un próximo cambio

Si bien estos argumentos son alentadores para la estabilidad mundial, la situación continúa siendo tensa y los riesgos de cometer errores aún son altos. El reciente descubrimiento de construcción de islas artificiales en las costa de Corea del Norte, el lanzamiento del nuevo portaaviones de China y las intenciones de Donald Trump de aumentar el presupuesto militar de Estados Unidos son algunos aspectos que oscurecen el panorama.

Sin embargo, alejándonos una vez más de la visión apocalíptica, podemos encontrar que la situación podría mejorar poco a poco.

En los últimos años China se ha proyectado como líder mundial, y para consolidarse como tal, le son inconvenientes las pruebas armamentistas de Corea del Norte y su discurso bélico, por lo que el gigante asiático se tendría que alejar del país del norte, o coordinar con Kim Jong-Un un cambio en sus dinámicas. Por las razones mencionadas anteriormente, para China no es una opción abandonar a su suerte a éste aliado, por lo que lo seguramente se escoja un camino en cooperación para dar con una solución diplomática que se aplicaría de manera paulatina, quizás incluso de manera extraoficial. 

Paradójicamente esto conjuga con la actitud de Donald Trump con China. Como dijimos anteriormente, ya ha quedado claro que entre ambos países existe una relación económica profunda que no puede ser ignorada, pero sí negociada e incluso mejorada para los propósitos de ambos países y sus líderes. Esto ayudaría a generar un dialogo más fluido que facilitaría formar un plan para la resolución del conflicto.

A esto le sumamos la reciente elección del presidente de Corea del Sur Moon Jae-in el 9 de mayo, quien ha declaro que busca alejarse prudentemente de Estados Unidos y que busca la resolución del conflicto con Corea del Norte de manera pacífica.

Curiosamente un día antes de las elecciones presidenciales en el sur de la península, Corea del Norte anunció su interés en resolver pacíficamente el conflicto entre ambos países. Haya sido o no con el fin de manipular la opinión pública, es un hecho que demuestra el interés de Pyongyang por trabajar con un líder como Moon Jae-in. Por lo que, probablemente, estemos frente una nueva fase de acercamiento entre ambas coreas.

Por todos estos puntos, debemos dejar a un lado la visión catastrófica y caótica sobre la península coreana, y en general de los conflictos en el mundo. Hoy más que nunca los costos de la guerra entre naciones van mucho más allá de los ejércitos, así como su potencial de destrucción. Y Pyonyang, a pesar de su aparente comportamiento anacrónico, también actúa de manera racional frente a estas consecuencias.

*Coordinador del Observatorio Virtual Asia Pacífico, profesional en Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

juanc.martinezg@utadeo.edu.co

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