Tradiciones santandereanas que se escuchen, se observen y se vivan. Ese fue el reto que asumieron estudiantes del programa de Diseño Industrial de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano al trabajar de la mano con la comunidad de bordadoras de Vélez, Santander, para transformar la riqueza cultural de este municipio en una experiencia museográfica interactiva que ahora hace parte de la Casa de la Cultura de Vélez.
El resultado del trabajo conjunto es una experiencia museográfica que invita a residentes y visitantes a descubrir el significado del bordado, la copla y la guabina santandereana a través de recorridos interactivos, piezas de diseño y relatos construidos junto a la comunidad.
La iniciativa se desarrolló en el marco del proyecto 'Tadeo en Territorio', un modelo de aprendizaje-servicio de la Universidad que conecta a estudiantes y docentes con comunidades rurales para desarrollar proyectos de impacto social, cultural y económico.
En esta novena edición, el programa contó con el apoyo de Pelikano, la Gobernación de Santander y actores locales que hicieron posible la construcción colectiva de una propuesta que preserva y visibiliza las memorias de la región. La experiencia quedó instalada en la Casa de la Cultura de Vélez, uno de los principales escenarios para la preservación del patrimonio cultural de la provincia veleña y que recibe cerca de 12.800 visitantes al año.
Ubicada en una construcción con más de 200 años de historia, la Casa de la Cultura conserva técnicas arquitectónicas tradicionales como la tapia pisada, el adobe, la carpintería colonial y los pisos de barro cocido. Este escenario alberga procesos de formación musical en instrumentos tradicionales, agrupaciones folclóricas, exposiciones artísticas y actividades relacionadas con la guabina, el torbellino y la música campesina andina.
El proyecto deja una intervención permanente en el territorio, permitiendo que la comunidad, turistas y visitantes continúen apropiándose de estas tradiciones a través de una experiencia diseñada de manera colaborativa.
El diseño como herramienta para preservar la memoria
Para Johana Velandia, líder de Tadeo en Territorio, el proyecto surgió de la necesidad de reconocer y narrar expresiones culturales que han trascendido las fronteras del municipio.
"Vélez tiene elementos culturales que han trascendido los escenarios locales y, como parte de la inmersión con la comunidad, determinamos que era importante recoger estas memorias en una experiencia museográfica que relatara sus tradiciones", explica.
El proceso implicó un trabajo de investigación e inmersión en el territorio, donde los estudiantes convivieron con habitantes, artistas y portadores de tradición para comprender el significado de prácticas culturales que han sido transmitidas de generación en generación.
Uno de los principales desafíos fue condensar la enorme riqueza cultural de la región en una experiencia coherente y accesible para diferentes públicos.
Estudiantes y bordadoras construyen juntos la memoria colectiva
Para este proyecto participaron ocho estudiantes del área académica de Diseño de Producto: Martin Mora Alvarado, Valentina Macias Fuquen, Camilo Andrés Marín Mila, Geronimo Cita Velandia, Karla Paola Pinto Jaime, Sofía Maldonado, Nicolás Monroy, Alejandra Ramírez.
Para los estudiantes participantes, la experiencia transformó su manera de entender el diseño.
"Lo más impactante fue ver lo arraigadas que están las tradiciones en las personas. Independientemente de si eran niños o adultos mayores, todos lucían con orgullo un legado que se mantiene vivo con el tiempo y que se comparte de generación en generación", señala el grupo.
Durante el proceso de cocreación descubrieron que el bordado, la copla y la guabina no eran expresiones aisladas, sino manifestaciones profundamente conectadas entre sí.
"Entendimos que el recorrido y las interacciones eran lo más importante para transformar toda esa información y lograr que la experiencia final fuera algo armónico, rítmico y memorable", explican.
Como parte de la muestra también se desarrolló una colección de joyas inspiradas en el territorio, concebidas como una interpretación contemporánea de los símbolos culturales de Vélez. En este proceso también estuvieron presentes acompañando la investigación Diana Caltelblanco y Alfonso Amezquita, ambos, profesores del área.
Las piezas incorporan elementos de la flora local, reinterpretaciones de los tradicionales relicarios de cuello y referencias a la identidad de las bordadoras y habitantes del municipio, convirtiéndose en una extensión tangible de las historias recogidas durante la investigación.
Los estudiantes destacan que esta experiencia les permitió comprender que el diseño no solo crea objetos, sino que también puede convertirse en una herramienta para proteger la memoria, fortalecer la identidad cultural y generar nuevas formas de diálogo entre las comunidades y sus visitantes.
Un legado que trasciende generaciones
La exposición fue inaugurada durante el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, considerado el evento cultural más importante de Vélez y uno de los encuentros folclóricos más representativos del país. La apertura coincidió con la celebración del Día de la Santandereanidad, que reunió a cerca de 12.000 santandereanos.
Desde la Gobernación de Santander, Camila Daza, directora de Gestión y Relaciones Gubernamentales, destaca que iniciativas como esta fortalecen la preservación de la identidad cultural del departamento y crean puentes entre generaciones para transmitir los saberes y tradiciones del territorio.
"Es asombroso ver cómo los jóvenes promueven nuestra cultura y llevan con orgullo el conocimiento que encuentran en el territorio. Esto genera recordación de los oficios tradicionales, posiciona al departamento y dinamiza la economía local a través del turismo cultural", afirma.
La propuesta queda abierta a la comunidad local, a los turistas y visitantes porque recoge en una sola experiencia las expresiones culturales de la región, convirtiéndose en un espacio de interacción y reconocimiento de los valores culturales santandereanos.
El proyecto demuestra cómo el diseño puede convertirse en una herramienta para conectar generaciones, preservar saberes y dar nuevas formas de contar la historia de los territorios.















