“La fábula de Aracne”, una historia que inspira al arte | Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano

“La fábula de Aracne”, una historia que inspira al arte

En 1972 los artistas colombianos rechazaron la edición 23 del Salón Nacional de Artistas tras la supresión de premios para ese año. Tan solo 44 artistas presentaron sus obras en un salón que tuvo muchas críticas. Ese mismo año se dio el Primer Salón de Artes Plásticas que tuvo como sede nuestra universidad, en donde 133 artistas participaron e hicieron de este salón un éxito indiscutible.

47 años después el Museo de Artes Visuales vuelve a ser partícipe de la escena artística nacional al acoger La fábula de Aracne, exposición central del Salón Nacional de Artistas en su versión 45. Desde el 14 de septiembre al 4 de noviembre Bogotá se ha convertido en el escenario ideal para todas las artes en torno a “el revés de la trama”, concepto central que el director artístico del salón, Alejandro Martín, decidió proponer a los artistas participantes. 

Adrián Gaitán, Juliana Góngora, Julieth Morales, Delcy Morelos y Alba Fernanda Triana son los artistas que, con sus obras, componen La fábula de Aracneuna sinfonía que no suena pero se acopla en torno al tejido y la trama. 

 

 
 

La fábula

 

Arte de amar y Las metamorfosis son las dos obras insignia del poeta romano Ovidio. El segundo poema está escrito en 15 libros y es considerado una obra maestra de la edad de oro de la literatura latina.

Las metamorfosis recoge relatos mitológicos procedentes del mundo griego adaptados a la cultura latina de su época. Aquellos libros se convirtieron en los más leídos durante la Edad Media y el Renacimiento, logrando inspirar a artistas como Velázquez, quien pintó un lienzo llamado Las hilanderas, ubicado hoy en día en el Museo Nacional del Prado en Madrid.

El cuadro se inspira en el relato que Ovidio hace en Las metamorfosis sobre la fábula de Aracne, que cuenta la historia de Aracne, una hilandera que sin saberlo reta a la diosa Atenea en la creación de un telar, después de que esta se hiciera pasar como mortal.

Atenea pensaba en darle una lección a Aracne por su soberbia, sin embargo, el talento de la tejedora fue superior al de la diosa de las artes, aprovechando el tejido para cuestionar la posición y el abuso de poder tanto de la diosa como del resto del Olimpo. 

Cuenta la historia que Atenea castigó a Aracne transformándola en una araña y condenándola a tejer eternamente el hilo del que cuelgaTal relato inspira la exposición que componen cinco instalaciones de arte contemporáneo, las cuales hablan entre sí mismas, mostrándonos reflexiones por medio del tejido y la trama, desde lo artesanal hasta la modernidad.

 

 

La exposición

 

Al subir las escaleras del MAV, la primera imagen que tienen los asistentes es un gran tejido de color rojo de la artista Delcy Morelos. Aquella estructura imponente lleva como nombre la espalda de mi superficie y evoca las rejas de una prisión, que no necesariamente es un espacio físico, al contrario, hace referencia a las múltiples prisiones con las que convivimos.

Irlanda fue el primer país donde la obra se exhibió, lo cual crea una relación con Colombia al ser territorios donde la violencia y sus procesos de superación comparten muchos elementos.

Al voltear la mirada una escultura imponente aparece. Se llama moebius machine del artista Adrián Gaitán, quien se inspira en la cinta de Moebius, figura matemática crucial para la Topología.

La instalación está hecha de un cuerpo de colchones viejos sostenidos por un esqueleto de malla de construcción, lo cual es una tradición en la obra de Gaitán que suele usar materiales desechados. Moebius machine responde al revés de la trama al ser una escultura donde la superficie es el mismo revés, de tal manera que la cara que da al suelo y la que forma el cuerpo son una sola.

 

 

En uno de los extremos de la sala, una serie de hilos baja desde el techo hasta el piso. Se trata de Srusral mera kup de la artista Julieth Morales, quien ha trabajado en conjunto con su comunidad los Misak en Silvia, Cauca, donde Morales creció.

A lo largo de su obra, Morales se ha cuestionado sobre las prácticas y obligaciones que configuran el hecho de ser mujer entre las Misak a partir del dialogo con su abuela, plasmado en su investigación Recuperar la tierra para recuperarlo todo.

Los 30 puchingas suspendidos en el techo representan todas las líneas de color que marcan las faldas de cada familia del resguardo indígena de Guambía, convirtiendo esta obra en mapa etnográfico del territorio. La obra también se complementa con la proyección de un video donde se ven a las jóvenes de su comunidad realizando un performance de hilado colectivo en un dialogo silencioso.

 

 

Al otro extremo de la sala se encuentran dos obras donde los detalles son protagonistas. En primer lugar la artista Juliana Góngora y su obra Ensayos sobre la fe llevan al espectador a observar más de 300 granos de arena sobre un hilo de seis metros de largo hecho de telaraña que, Juliana ha recogido en las montañas e hilado hasta conseguir esa longitud con la resistencia necesaria.  

Juliana ha logrado con su obra destacar el trabajo manual que requiere de paciencia y sumo cuidado, el cual solo las manos humanas son capaces de hacer. Esa instalación genera una paradoja con la obra que se encuentra al final de la sala en un cuarto oscuro.

 

 
 
Si en Ensayos sobre la fe vemos de lo que son capaces las manos humanas, en música en una cuerda templada n°2 se evidencia de lo que no son capaces los oídos humanos.

La artista Alba Fernanda Triana expone una obra donde un parlante emite un sonido inaudible para el oído humano pero perceptible para el ojo por medio de una cuerda que vibra, la cual es iluminada por un proyector. Esta obra genera una sensación visual en la cual el espectador puede entrar al estado meditativo que propone la artista. 

 

 
 
Estos cinco artistas establece un diálogo “al revés de la trama”, intentando dejar claro el mensaje de que el arte, sin importar cómo se manifieste, tiene una cara oculta que en ocasiones llega a explicar la realidad. En este caso, el tejido y la trama nos enseñan desde las reflexiones de los artistas, pero también desde las que logran hacer los visitantes en busca de significados –o no- en esta muestra, la cual permanecerá abierta en nuestro museo hasta el 4 de noviembre.
 
 
Oficina de Comunicación Utadeo
 
Textos: Miguel Durán
Fotografías: Alejandra Zapata
Video: Katerina Rincón
 

“La fábula de Aracne”, una historia que inspira al arte

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“La fábula de Aracne”, una historia que inspira al arte
Viernes, Octubre 25, 2019
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El MAV acoge la exposición central del 45 Salón Nacional de Artistas, una muestra en donde descubrimos la fábula narrada en "Las Metamorfosis" del poeta romano Ovidio.
Fotografías: Alejandra Zapata

En 1972 los artistas colombianos rechazaron la edición 23 del Salón Nacional de Artistas tras la supresión de premios para ese año. Tan solo 44 artistas presentaron sus obras en un salón que tuvo muchas críticas. Ese mismo año se dio el Primer Salón de Artes Plásticas que tuvo como sede nuestra universidad, en donde 133 artistas participaron e hicieron de este salón un éxito indiscutible.

47 años después el Museo de Artes Visuales vuelve a ser partícipe de la escena artística nacional al acoger La fábula de Aracne, exposición central del Salón Nacional de Artistas en su versión 45. Desde el 14 de septiembre al 4 de noviembre Bogotá se ha convertido en el escenario ideal para todas las artes en torno a “el revés de la trama”, concepto central que el director artístico del salón, Alejandro Martín, decidió proponer a los artistas participantes. 

Adrián Gaitán, Juliana Góngora, Julieth Morales, Delcy Morelos y Alba Fernanda Triana son los artistas que, con sus obras, componen La fábula de Aracneuna sinfonía que no suena pero se acopla en torno al tejido y la trama. 

 

 
 

La fábula

 

Arte de amar y Las metamorfosis son las dos obras insignia del poeta romano Ovidio. El segundo poema está escrito en 15 libros y es considerado una obra maestra de la edad de oro de la literatura latina.

Las metamorfosis recoge relatos mitológicos procedentes del mundo griego adaptados a la cultura latina de su época. Aquellos libros se convirtieron en los más leídos durante la Edad Media y el Renacimiento, logrando inspirar a artistas como Velázquez, quien pintó un lienzo llamado Las hilanderas, ubicado hoy en día en el Museo Nacional del Prado en Madrid.

El cuadro se inspira en el relato que Ovidio hace en Las metamorfosis sobre la fábula de Aracne, que cuenta la historia de Aracne, una hilandera que sin saberlo reta a la diosa Atenea en la creación de un telar, después de que esta se hiciera pasar como mortal.

Atenea pensaba en darle una lección a Aracne por su soberbia, sin embargo, el talento de la tejedora fue superior al de la diosa de las artes, aprovechando el tejido para cuestionar la posición y el abuso de poder tanto de la diosa como del resto del Olimpo. 

Cuenta la historia que Atenea castigó a Aracne transformándola en una araña y condenándola a tejer eternamente el hilo del que cuelgaTal relato inspira la exposición que componen cinco instalaciones de arte contemporáneo, las cuales hablan entre sí mismas, mostrándonos reflexiones por medio del tejido y la trama, desde lo artesanal hasta la modernidad.

 

 

La exposición

 

Al subir las escaleras del MAV, la primera imagen que tienen los asistentes es un gran tejido de color rojo de la artista Delcy Morelos. Aquella estructura imponente lleva como nombre la espalda de mi superficie y evoca las rejas de una prisión, que no necesariamente es un espacio físico, al contrario, hace referencia a las múltiples prisiones con las que convivimos.

Irlanda fue el primer país donde la obra se exhibió, lo cual crea una relación con Colombia al ser territorios donde la violencia y sus procesos de superación comparten muchos elementos.

Al voltear la mirada una escultura imponente aparece. Se llama moebius machine del artista Adrián Gaitán, quien se inspira en la cinta de Moebius, figura matemática crucial para la Topología.

La instalación está hecha de un cuerpo de colchones viejos sostenidos por un esqueleto de malla de construcción, lo cual es una tradición en la obra de Gaitán que suele usar materiales desechados. Moebius machine responde al revés de la trama al ser una escultura donde la superficie es el mismo revés, de tal manera que la cara que da al suelo y la que forma el cuerpo son una sola.

 

 

En uno de los extremos de la sala, una serie de hilos baja desde el techo hasta el piso. Se trata de Srusral mera kup de la artista Julieth Morales, quien ha trabajado en conjunto con su comunidad los Misak en Silvia, Cauca, donde Morales creció.

A lo largo de su obra, Morales se ha cuestionado sobre las prácticas y obligaciones que configuran el hecho de ser mujer entre las Misak a partir del dialogo con su abuela, plasmado en su investigación Recuperar la tierra para recuperarlo todo.

Los 30 puchingas suspendidos en el techo representan todas las líneas de color que marcan las faldas de cada familia del resguardo indígena de Guambía, convirtiendo esta obra en mapa etnográfico del territorio. La obra también se complementa con la proyección de un video donde se ven a las jóvenes de su comunidad realizando un performance de hilado colectivo en un dialogo silencioso.

 

 

Al otro extremo de la sala se encuentran dos obras donde los detalles son protagonistas. En primer lugar la artista Juliana Góngora y su obra Ensayos sobre la fe llevan al espectador a observar más de 300 granos de arena sobre un hilo de seis metros de largo hecho de telaraña que, Juliana ha recogido en las montañas e hilado hasta conseguir esa longitud con la resistencia necesaria.  

Juliana ha logrado con su obra destacar el trabajo manual que requiere de paciencia y sumo cuidado, el cual solo las manos humanas son capaces de hacer. Esa instalación genera una paradoja con la obra que se encuentra al final de la sala en un cuarto oscuro.

 

 
 
Si en Ensayos sobre la fe vemos de lo que son capaces las manos humanas, en música en una cuerda templada n°2 se evidencia de lo que no son capaces los oídos humanos.

La artista Alba Fernanda Triana expone una obra donde un parlante emite un sonido inaudible para el oído humano pero perceptible para el ojo por medio de una cuerda que vibra, la cual es iluminada por un proyector. Esta obra genera una sensación visual en la cual el espectador puede entrar al estado meditativo que propone la artista. 

 

 
 
Estos cinco artistas establece un diálogo “al revés de la trama”, intentando dejar claro el mensaje de que el arte, sin importar cómo se manifieste, tiene una cara oculta que en ocasiones llega a explicar la realidad. En este caso, el tejido y la trama nos enseñan desde las reflexiones de los artistas, pero también desde las que logran hacer los visitantes en busca de significados –o no- en esta muestra, la cual permanecerá abierta en nuestro museo hasta el 4 de noviembre.
 
 
Oficina de Comunicación Utadeo
 
Textos: Miguel Durán
Fotografías: Alejandra Zapata
Video: Katerina Rincón
 

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