El refrán dice: “Desayuna como Rey, almuerza como príncipe y cena como mendigo”.
La noche es el espacio más largo en el que no consumimos ningún alimento desde la última comida hasta el desayuno, con un lapso de entre ocho a doce horas. Mientras dormimos el metabolismo basal disminuye, es decir que se gasta menos energía y sólo siguen activas funciones vitales como el ritmo cardíaco, el matenimiento de la temperatura corporal, la respiración, entre otras. Al despertar el ciclo vital se activa y se incrementa con los movimientos que realizamos al levantarnos, gastando más kilocalorías.
Al no desayunar, este número de horas aumenta el ayuno, siendo más propensos a las siguientes enfermedades:
• Gastritis: Al no llegarle comida al estómago, su ácido clorhídrico que debería actuar sobre el alimento lo hace sobre su mucosa, alterándola.
• Hipoglicemia: Por el largo tiempo sin alimento se bajan los niveles de glucosa lo cual produce esta enfermedad, sus síntomas pueden ser: dolor de cabeza, sueño, debilidad, escalofrío y cansancio.
• Metabolismo lento, lo que genera aumento de peso y obesidad.
• Por la falta de energía puede producir: Decaimiento, mal genio, estrés y ansiedad.
Las personas que no desayunan recurren a falsas razones y se justifican diciendo: no tengo hambre, no tengo tiempo, nunca he desayunado y no lo necesito.
Toma tiempo para desayunar, no saltes esta comida y brinda a tu organismo nutrientes que le permitan iniciar el día con mucha energía y evitar así enfermedades.
Jacquelin Villalobos Fernández
Nutricionista - Dietista
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