Universidades: el paro más allá de las protestas

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Universidades: el paro más allá de las protestas
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Miércoles, Mayo 19, 2021
Estudiantes

Aunque su participación ha pasado de agache, las universidades de Colombia están siendo protagonistas (por acción u omisión) en el paro nacional. Durante los catorce días consecutivos de manifestaciones, las grandes universidades del país han sido escenario de violencias, de cuidado, luto, de la derrota de símbolos culturales, debates sobre libertad de expresión, y de pensamiento crítico en torno a las jornadas, especialmente por profesores y estudiantes.

Uno de los “frentes” ha sido la reacción inmediata en el marco de las protestas. Uno de estos casos es el de Estefanía Osorio, abogada penalista y profesora de la Universidad La Gran Colombia (sede Armenia), quien asumió la defensa jurídica de 30 estudiantes de esa universidad que fueron capturados en medio de las manifestaciones, en la Plaza de Bolívar de la capital quindiana.

La Universidad del Valle, por otro lado, ha sido el refugio de la minga indígena y el escenario de la aplicación de la ley interna de las comunidades representadas en el Consejo Regional Indígena del Cauca, que capturaron en Cali a dos personas vestidas de civil que portaban armas de fuego. En el Coliseo de la Univalle, por ejemplo, se reunieron ayer cientos de indígenas para hacerles un juicio dentro de su jurisdicción especial indígena, con acompañamiento de la Defensoría del Pueblo, entre otras. También fue frente al bloqueo en esta universidad en donde una camioneta disparó contra los manifestantes que se encontraban reunidos de manera pacífica, según denuncias de organizaciones estudiantiles como Univalle Univida.

En otras ciudades, las universidades han aportado, aunque tímidamente, al debate sobre la violencia en el marco de las manifestaciones, el derecho a la protesta o la memoria, o al cuidado de sus estudiantes.

La Universidad del Rosario, en Bogotá, adecuó uno de sus edificios como refugio para albergar a los alumnos que asistieron a las marchas el 5 de mayo, y que no lograron regresar a sus casas por la situación de movilidad. También fue frente a la sede de esta universidad en miembros del pueblo Misak derrumbaron la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, “quien fue históricamente el más grande masacrador, torturador, ladrón y violador de nuestras mujeres y nuestros hijos”. El Movimiento de Autoridades Indígenas del Sur Occidente, (AISO) describió el acto como la recuperación de uno de sus espacios más sagrados.

También El Rosario pronunció sobre un episodio entre la estudiante María Camilo Guerrero, alumna de derecho, y un profesor, quien le exigió que quitara su foto de perfil en apoyo al paro (un movimiento virtual que se ha extendido entre varios estudiantes que se manifiestan en la virtualidad).

No todo es apoyo. Hoy llegó al despacho de la rectora de la Universidad Eafit de Medellín una carta de egresados y padres de familia que dice: “hemos hecho un gran esfuerzo pagando una matricula de alto costo con un único fin de tener una muy buena educación en cada una de las carreras que nuestros hijos han decidido hacer. La universidad EAFIT ha sido creada para ser una universidad sin paros. Los estudiantes, la universidad, nosotros los padres y los egresados nos comprometimos en un contrato de pagar y cumplir con un horario y un pensum a presentarse en cada semestre. Lo repetimos ya existirá el lugar y el tiempo apropiado para debatir ideologías entre el estudiantado sin perturbar el orden académico”.

Sobre esto Ricardo Toledo, profesor de artes de la Javeriana y la Nacional, dice que “están masacrando la primavera, el entusiasmo joven del país pero en vez de eso, los alienta más. Creo que las universidades deben servir de espacio para aquellos estudiantes que se callan por miedo o porque en la casa no se puede hablar de eso. Que se escuchen entre ellos. En las privadas están formándose asambleas estudiantiles, algo está cambiando”,

Las universidades han asumido espacios de diálogo, de refugio, rechazo o cuidado en el marco de las manifestaciones. Sin embargo, ¿qué papel deberían asumir las universidades de cara al paro nacional, o de cara a la violencia que se vive en las calles de Cali, por mencionar solo un frente?

Leonardo Otálora, profesor de la facultad de Artes y Diseño de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, lo ve así: “Creo que el apoyo de universidades tiene que ver con la coherencia de un sistema educativo que sea formador y que les dé las herramientas para que analicen la realidad del país con pensamiento crítico”.

Otálora, junto con otros profesores, también ha llevado este apoyo a otros escenarios. Según cuenta, desde el comienzo del paro ha comenzado a involucrarse con los grupos estudiantiles, haciendo seguimiento especial a los estudiantes que se manifiestan y de su llegada segura a casa. “Como profesores hay que rodearlos, porque corren peligro en este contexto y están muy solos. En lo personal les entrego información que les puede servir para entender mejor ciertas situaciones, o pautas para superar la desinformación, o para el autocuidado”.

Otro profesor que prefiere mantener su anonimato dice que “las universidades han apoyado de manera tímida el paro porque compromete su nombre público, más en momentos en que quien apoya el paro es tildado de castrochavista, una versión maniquea de las adherencias que la gente pueda tener”.

Además del cuidado de los estudiantes, otra propuesta es que se generen espacios de diálogo entre los sectores que se están enfrentando de manera desigual en las calles de Cali: “Hay un golfo gigantesco entre distintos sectores de la sociedad y la academia debe trabajar en conectar estos mundos, que por lo general no dialogan. Por un lado, una minga que es vital para la protesta pacífica pero que en un error entraron en propiedad privada sin ser invitados, por el otro, una clase acomodada y desinformada que se ve rezagada y que acude a la violencia. Vemos mucha gente dispuesta a dar su vida y lo urgente en este momento es contribuir para desescalar la violencia”, dice David Restrepo, profesor del Centro de Estudios de Seguridad y Drogas (CESED) de la Universidad de los Andes.

También propone hacer frente a la desinformación que pone en peligro a comunidades indígenas en Cali: “Se están amplificando voces que relacionan a la minga indígena con grupos armados y que se promueven por los altos ejecutivos del país. Se han dicho cosas absurdas como que a la minga le cuesta mil millones de pesos diarios sostenerse, y eso no tiene sustento estadístico. Eso alimenta el racismo y la xenofobia que existe en este país desde siempre, pero que en Cali –la ciudad más diversa del país de lejos– es particularmente tóxico. Y un grupo de la élite que no es la más “top” pero que sí alimenta su temor con esta desinformación, también a ellos habrá que hablarles”.

Restrepo hace parte del profesorado que impulsó una carta dirigida al presidente Iván Duque (que ya ha sido firmada por más de 1.400 miembros de la academia colombiana) para la desmilitarización de las ciudades, el cese del abuso de la Fuerza Pública y la apertura de escenarios de diálogo. La iniciativa tuvo origen en la Universidad Javeriana, pero se extendió rápidamente y que podría presionar al gobierno nacional ante la comunidad académica internacional.

NOTICIA ORIGINAL EN https://www.elespectador.com/educacion/universidades-el-paro-mas-alla-de-las-protestas/

 

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