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"Colombia necesita hacer una terapia colectiva frente a sus heridas"
Fotografías: Emanuel Enciso - Oficina de Comunicación
Así lo precisó el profesor Miguel Barreto, quien junto con Ana Guglielmucci y Angélica Bernal dialogaron en el café de autor del segundo número de la Revista Razón Crítica, presentada en la FilBo.

Un diálogo en torno a la memoria histórica y la construcción de la verdad como aporte a la paz, fue la temática abordada en el café de autor a propósito del lanzamiento del segundo número de la Revista Razón Crítica de la Facultad de Ciencias Sociales de Utadeo. El conversatorio se llevó a cabo en el stand de la Universidad en la trigésima versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, y contó con la participación de tres de los autores de esta edición: Angélica Bernal, Ana Guglielmucci y Miguel Barreto.

En primera instancia, los especialistas abordaron la importancia de la memoria histórica en coyunturas como las que actualmente vive el país. Frente a ello, Guglielmucci recuerda que este tipo de memoria se encuentra relacionada con relatos que se vuelven hegemónicos y se posicionan en la opinión pública por encima de otros. La memoria histórica, para la académica argentina, requiere unas narraciones individuales y colectivas que se encuentran en una disputa por su legitimidad entre los diferentes actores del conflicto. En ese sentido, lo importante es saber qué se va a contar del conflicto y cuáles serán los roles que se mostrarán de cada actor.

En concordancia con ello, para Barreto el ejercicio de verdad histórica contribuye a superar las memorias traumáticas y lidiar con las experiencias violentas. Para ello, se puede optar por el olvido o la justicia: “Creo que Colombia necesita sentarse en el diván del psicoanalista y hacer una terapia colectiva frente a sus heridas, traumas, miedos, resentimientos, y en ese sentido, eso puede contribuir para ver nuevas dimensiones de la realidad más sanadora, plural y equilibrada. El reconocimiento de las responsabilidades públicas de los distintos grupos armados no fueron totalmente asumidos por todos los actores. La Comisión de la Verdad debe ser un incentivo para la discusión de estos temas”, sostuvo el director del Observatorio de Paz de Utadeo.

El académico portugués, adicionalmente recordó que el conflicto colombiano se ha sobrediagnosticado, y en ese sentido, el país necesita, más que verdad, aprender a no negar su memoria, sino conocer de ella para construir realidades distintas: “Colombia ya ha vivido muchas farsas y tragedias, demasiadas repeticiones de ciclos de violencia, y lo fundamental es que la verdad histórica contribuya a la no repetición”.

A ello, Angélica Bernal agregó que la memoria histórica más que un diagnóstico de la violencia debe ser pensada en aras de verdad que les permita a las víctimas acceder a la justicia, en el marco del fin del conflicto con las FARC, más no de posconflicto.

“Todo proceso de memoria implica olvido”: Ana Guglielmucci

La antropóloga argentina sugiere que en los procesos de memoria siempre hay una selección de recuerdos que nos permiten continuar viviendo nuestra cotidianidad, lo cual es diferente al olvido impuesto por el sistema, permitiendo de este modo restaurar la confianza y la convivencia con el otro: “Conocer la verdad es muy importante a nivel personal y colectivo porque significa terminar con la incertidumbre del destino del ser querido, en el caso de la desaparición forzada. La memoria es muy importante en sentido intergeneracional, lo cual significa qué va a pasar con las siguientes generaciones para garantizar que no vuelva a ocurrir”, puntualiza la experta, recordando que la justicia no necesariamente tiene que entenderse en materia penal, sino desde otras perspectivas donde se restauren los Derechos Humanos de las víctimas.

Una perspectiva similar comparte Barreto, quien analiza que en la campaña del plebiscito se dio una imagen distorsionada de la justicia transicional, pues esta no se centra en la sanción a los victimarios necesariamente sino más bien se relaciona con la verdad, reparación y no repetición: “Una de las misiones de la Comisión de la Verdad es darle voz y protagonismo a las víctimas, convirtiéndolas en actores políticos. Que ellos cuentan sus microhistorias para conformar la macrohistoria”.

Así mismo Bernal precisó que la memoria histórica puede generar inclusión de las víctimas en la comunidad política, transformándolos en ciudadanos.

Y ahora, ¿qué viene con la participación de los militares en la Comisión de la Memoria Histórica?

Los expertos mostraron su preocupación frente a la reciente determinación del Gobierno Nacional. Para Guglielmucci es claro que las Fuerzas Militares van a disputar un relato histórico que no los deje como perpetradores de actos de violación de los Derechos Humanos.

Barreto sostiene que al ser la memoria un lugar de conflicto es imposible pensar en la neutralidad de esta, pero si debe ser equitativa en las responsabilidades de las fuerzas que participaron en el conflicto: “El 8% de las masacres en Colombia fueron responsabilidad de las Fuerzas Militares, sin tener en cuenta los falsos positivos o la colaboración con grupos paramilitares”. El profesor tadeísta destaca que lo importante ahora es el impacto social y político que tendrán los hallazgos de la Comisión de la Verdad.

De análoga manera, para Bernal “la reconstrucción del tejido social debería estar por encima de las disputas políticas e ideológicas”, a propósito de las coyunturas electorales que se avecinan en el país. La analista además sostiene que en estas dinámicas la academia se convierte en insumo en la construcción de la memoria histórica, en la medida que pone a disposición el conocimiento que ayuda a cuestionar las relaciones de poder y resignificar las relaciones humanas.

Reviva el café de autor de la Revista Razón Crítica

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